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jueves, 19 de abril de 2012

Intro 3 de la música


Esta música suena cuando el hijo recoge sus ojos del concreto. Del precipicio de concreto en el que camina sobre un puente angosto. Y su voz suena desde dentro de la carne infértil. Desde dentro del dibujo dormido de las mariposas tatuadas en sus nalgas. Asomando su aliento, su respiración en medio del estrépito de un mar que se ahoga. Dentro de la memoria difusa del humo que sale de su boca luego de coger en el último lugar del mapa. “Padre, perdóname porque sé lo que hago” y lo sabe cuando alza las manos pidiendo vida, más vida y redención y en sus manos escribe el rostro de los enamorados que morirán a su espalda. Se bajaron del automóvil y entraron al hotel Fuga. Vete, le dice mientras sostiene el cristal roto de la copa en sus manos. Nunca supo el nombre del silencio con que aparecía en sueños difusos dentro de su vientre, pero iba con ellos. “No hay que mezclar el sentimentalismo con el sexo” Maldito Burroughs, piensa. Malditos todos los escritores del mundo. Su hijo muere antes de conocer la piel del infierno. 

viernes, 2 de marzo de 2012

Intro de la música


La ciudad llorará por ti, nunca pudo sobrevivir sin tu rostro, y yo escribiré, por fin, el largo poema sin dedicatoria que prometí hacer el día que tu cuerpo pobló las calles que hoy se marchitan. Todos caminarán hacia un lugar imposible y no sospecharán que la música que guía sus pasos es la misma que el olvido les escupe desde la piel del abismo. Sobre nuestras frentes se dibujarán todas las posibilidades felices con que dios nunca coronó nuestras súplicas. Y el infierno y el cielo y Dante mismo llorarán por ti y yo saldré descalzo a preguntar tu nombre a las avenidas del centro. Responderá el eco de los poemas tontos que te escribí. Responderá el filo ensangrentado con que corté el cuello de mi cordura. Responderán los ojos rojos de un niño que clava una flecha envenenada en el corazón de su padre. Responderá el rostro y el vestido y el precio de un maniquí que me recuerda tu ausencia desde un anaquel con demasiado pasado. Y yo estaré solo sobre una ciudad sin lágrimas ni silencio. Con la absurda valentía de quien se lo ha perdido casi todo pero que aún no se va y decide descubrir cuál es el fondo del inútil abismo. Yo estaré arrepintiéndome de saltar, al último momento. Masturbándome en los baños públicos con lágrimas austeras en el rostro. Deseando la caída de los ángeles y la muerte de los mendigos. Sin arriesgarme demasiado. Sin perder la ruta correcta hacia la tumba.

1.

Abrir esa ventana
Para que en la calle se escuche esta música
Y la gente, confundida, tire piedras contra la noche
Y se confunda la noche y la tinta con que escribo
Y derramen ambas lucidez sobre mi sangre.
Entonces el caos necesitará de un dios
Pero dentro de mí sólo podré encontrar la oscuridad
Caerán los cuerpos junto con las piedras
Y se apagarán todas las velas de fuego humano.
Cuando todo acabe
habrá silencio y el loco pensará
“La ira de Dios ha terminado”
Un rumor maligno se cernirá sobre las cabezas
Y dibujará signos malditos con la ceniza humana.
Las calles serán un pentagrama.
El loco no sabe la diferencia entre la música
Y la sangre de las notas sobre el concreto.
La música será lo único cierto:
La tragedia del principio y del final.


Imagen: Los mendigos, Pieter Brueghel.

martes, 17 de enero de 2012

dos poemas


1.

Quisiera poder atravesar el pecho con las uñas y sacar de mí esta enfermedad.
Arrojarla como una masa desastrosa sobre la página blanca.
Y decir: “Esto es todo lo que tengo por ofrecer”
“Esta página con la calamidad caótica de mi espíritu”.

2.

Espero la “poética resurrección de las cenizas”
Y los labios de ella.
Esta tarde sólo existe la música.
Imagen:

Hieronymus Bosch (El Bosco). La extracción de la piedra de locura. Siglo XV.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Música rara, XVII


Recuerdo o imagino a Leopoldo María Panero sentado sobre la lluvia
O sobre un corcel de plata. Seguramente en un sueño.
Disparando contra la cordura y los milagros.
Esa vez, Panero me pregunta si sé qué es la verdad. Le
Respondo que las únicas verdades que existen
Son la certeza del pensamiento y la muerte.
Te daré una lección sobre la verdad, me dice. Y atravesamos
Un espacio plano con un poco de llano crecido sobre el manto del suelo.
En el fondo no pienso en ninguna cosa.
Sólo veo las patas del caballo machucar la yerba
Y atravesar como una bala el campo ancho y grande.
Luego entramos a una casa con un jardín lleno de esculturas.
En el centro hay un tigre precolombino.
Es enorme.  Nos bajamos del caballo justo enfrente de él
Y Panero saca un revólver de su saco. Luego apunta contra el tigre
Y comienza a disparar como un verdadero poeta.
Como un poeta que no es ni español, ni francés ni norteamericano.
Un poeta simplemente, nacido entre las convulsiones de un mundo
Que sufre un paro cardiaco. Los disparos se estrellan en la roca
Y hacen agujeros enormes. Como si fueran pequeños misiles de artillería.
Entramos a la casa que en realidad es una cueva con una mesa
En medio de la sala. Sin espacio para sentarse.
Tengo miedo de hablar, él se sirve un vaso de Coca cola.
“Debo irme ahora”, logro decirle. Él no responde
Yo salgo corriendo. Cruzo la puerta que da al jardín confuso
Donde ya no existe ningún tigre. En su lugar hay un bulto de ripio
y de piedras hechas pedazos.
(Tampoco tú existes en el jardín).
Me arrodillo a buscar entre los escombros
y descubro mi rostro entre las piedras.

Imagen: Leopoldo María Panero

sábado, 27 de agosto de 2011

Los demonios de Urbina (piezas sueltas)

3.

Aquí están los locos, quemándose

sin que sus gritos se escuchen como la voz

que clamó en el desierto de los locos.

Aquí están los locos diciendo lo que ellos

no escucharon. Aquí el calendario

con números rojos señalando la fecha

en que descenderá Dios

para martillar los clavos de las cruces

que lloverán sobre los últimos días.

Aquí estamos sólo gritando por el

fuego de la demencia que nos une. Baja, Dios:

el infierno está vacío.

9.

Los elefantes despejan el camino que conduce al acantilado.

Los sigue con los ojos vendados. La canción se pierde entre el estrépito y el miedo.

Recuerda que ninguna palabra es suficiente para interrumpir el camino de las hormigas

que devoran al incauto que envejeció sin salirse del pasto caníbal.

Alto, grita y la muerte le duele tanto menos.

Entonces recuerda los pasos de ella tras los elefantes del primer hombre marchando hacia el acantilado.

Tranquilo. Dios nunca volverá a destruir estas tierras.

En cambio, crecerá asfalto.

Flores de concreto y mujeres falsas.

Hombres plásticos. Jardines llenos de falos enormes de cristal y hormigo.

“Edificios de mil ventanas se alzarán resplandecientes”

Ese será su infierno.


10.

No nos hemos arrodillado ante el abismo

por temor a Dios. El abismo nos llama

porque estamos solos y los caballos

atraviesan furiosos un campo plano.

No. El abismo no es nuestro padre

sino nuestro único destino fiel. Nuestra palabra

despojada de los murmullos de los hombres.

El abismo no es nuestro padre

sino nuestro único amante.

Imagen: The Flatiron, Edward Steichen

sábado, 13 de agosto de 2011

Un día fuiste otra Magdalena

Un día fuiste otra Magdalena. Estuviste entre mis brazos que dormían y te llamé por un nombre que no es tuyo. Te dije Magda y hoy no recuerdo cómo te llamas pero se atraviesa en la vida una mujer y un niño dentro de mí se estremece: ella es Magdalena. Magda viendo la luna. Una vez pensé en eso aunque jamás existió luna ni ángel para celebrar tu silencio entre nosotros. Sólo tu risa existía en este valle coronado por la espuma y la miel que saboreamos de la angustia. Sólo tu risa poblaba el silencio con que yo respondía ante el mundo como un ladrón que roba la paz que no puede pertenecerle. Sólo tu risa de Magdalena en este valle de lágrimas y silencio.

domingo, 31 de julio de 2011

Madre, algún día me esperarás azul sobre los últimos inviernos de esta ciudad maldita, y yo me habré ido. Entonces el sol tendrá más fuerza para quemar los recuerdos felices de la infancia y sus labios, con el ímpetu de un corcel enorme, servirán para borrar otras promesas.
Imagen: Edward Steichen

domingo, 10 de abril de 2011

Cartas

De mi infancia recuerdo a un viejo jugando cartas
con la televisión encendida frente a él.
Entonces no comprendía
que el viejo era un retrato. Una profecía generosa
de lo que podría suceder. Mi primer encuentro con el miedo
pasó cuando encendí el ordenador y abrí el solitario. Entonces
tenía catorce años, y mis miedos eran otros.

Tuve miedos fabulosos cuando niño.
Imaginaba selvas color sepia con arenas movedizas
y buitres negros que devoraban vivos a los hombres.
Entonces el viejo era real y la tele ya no existe.
Tampoco sé si la casa en la que estaba existe aún.
Lo que sé ahora es
que la vejez puede ganarle días a la muerte con un póquer de reyes

miércoles, 23 de febrero de 2011


Quiero ser eso que se enreda en tu pelo.
Es hora de subir al autobús
que aparece en mis pesadillas más dulces.
Una vez te imaginé soñar
y eras feliz. Estabas acostada
en el borde de un tiempo de asesinos
y yo llegaba como un fantasma
para ver tus pies bajo la luz de la ausencia.

Mañana lucharás sin revólver ni ejército
contra bestias fieles. No te vayas siguiendo
aquellos días inútiles en los que fuiste otra.
Déjalos como una vela encendida sobre la madrugada.
Como un incendio feliz en la biblioteca.

Imagen: Floris Neusüss.
"viviremos de luz involuntaria"
Gil de Biedma

1.
Han olvidado ya estas palabras.
Nadie pronuncia el nombre
del poeta asesinado.

2.
La realidad es otra. Lo sé.
El filo del crimen
me descubre humano.

3.
Las cenizas del frío
cubren los pasos del que leía.
Mañana pasará otro tren.
Todo será historia.

Imagen: Duane Michals

viernes, 11 de febrero de 2011

“Respirar y dejar de respirar”

Jorge Teillier

Uno advierte que la vida se acerca como un avión o como un ave enorme.

Y está parado en mitad de la calle como la víctima promedio del tráfico.

Uno siente, a veces, tristeza por el desprecio de un desconocido.

Sale y la calle es más sola que la casa.

Recibe clases de inglés. Paga deudas. Compra cosas.

Piensa en la posibilidad de las ventanas

del mundo que se retuerce sonriente tras la puerta.

Recibe la lluvia, se embriaga, come carne.

Uno respira. Sólo eso. Y deja de respirar cualquier día opaco

o soleado si eso importara.

Uno se despide cuando ve a la vida alejarse sobre trenes rápidos

por la madrugada.

Uno no habla: envejece y muere en silencio, como un árbol.

jueves, 19 de agosto de 2010

Como una serpiente


Llegamos al amanecer a aquel pueblo deshabitado.

El lugar mordía sus calles. Sus caminos

manaban gotas de sangre triste y espesa.

No había hombres ni dioses. Sólo el fuego

extinto con el que todo había muerto.

Estábamos en la mitad de nuestras vidas y supimos

que entonces no era el momento para desnudarnos

y coger bajo el cielo débil. Los fantasmas

hubieran muerto de miedo

de verla llorar mientras hacía el amor.

Ahora no hay fantasmas, sino réplicas de un rostro

a través de aguas confusas

y el pasado amenaza con llegar, como una serpiente.

Hicimos de aquel lugar nuestra casa

habitamos las ruinas

el dolor de las paredes desplomándose

sobre el suelo sin hombres.

A veces el pasado arrastra palabras ajenas

de quienes no fuimos.

Imagen: Sandy Skoglund, SQUIRRELS AT THE DRIVE-IN

domingo, 18 de julio de 2010

V

Alguien envejecerá en este poema
como una flor que marchita
o como un caballo que galopa
en un campo demasiado grande.
Esta no es la historia triste del pasado
sino la historia tuya
la historia de hombres volviéndose lobos
a mitad de la noche
para aullar tu nombre al abismo. Volveré
a gritar cuando me quede sin fe
y volverás como una ninfa pálida
cargando las armas con que asesinas
a los hombres perfectos.
No hay vida tan corta
como la vida de la muerte.
No hay muerte tan larga
como los hijos buscando algo
por lo que valga la pena luchar
en el funeral del mundo.

martes, 20 de abril de 2010

Perros


Los perros descubren la calle
fantasmas aúllan sobre asfalto
ladran y mueren
como promesas húmedas que se van
con agua en los ojos.

Pienso que los poemas son certezas.
Pienso en una explosión magnífica.
En el aullido profético de la demencia.

No sé si alguien derribará la puerta o gritará mi nombre
para cobrarse mi fracaso ahora. No lo sé.
Sé que los perros vagan por la calle
tragedias flacas que ladran y mueren como poetas necios
que llueven sobre la piel sin gloria del mundo.

domingo, 14 de marzo de 2010

El rostro de un niño enerva la mañana

El rostro de un niño enerva la mañana. El círculo es frágil si aparta la vida de los otros. Una mujer vestida de blanco cogió un ramo de rosas, cubría su rostro con un velo. Nadie llama a nadie. Los nombres se escapan del calor de una lucha estúpida. Nadie sabe si el futuro es real, o si el pasado no es un resplandor difuso devorado por la muerte. Nadie sabe nada. Objetos simples comienzan a cobrar importancia: un cigarrillo encendido en un basurero. Un tiovivo que da vueltas al mundo en un rincón de París que nadie conoce. Ríe un vendedor de seguros. Llueve.

El futuro deja de ser una sombra temerosa de sí. Los nervios de la mañana se aturden con el llanto. Viento. Algo amanece. El suicida despierta de un sueño imprevisto. Los milagros no existen. Una risa tétrica. Nada.

"In Holstenwall, where I was born...".

Imagen tomada de la película El gabinete del doctor Caligari.

domingo, 31 de enero de 2010

Cualquier árbol nace y cualquier hombre cae sobre la arquitectura sorda de Urbina.

Tal vez antes de morir pensó en la poesía y en los poetas y quiso escribir el último poema estúpido y no pudo.

La vida de los poetas es un chiste de humor negro, pensó,

una broma negra que ríe desde la ventana del silencio de la entrepierna de los días lentos e inútiles.

Y leyó el anuncio de “Triple saldo” en una valla frente a su fin:

el retrato de la belleza de una ciudad no son sus calles, ni sus edificios antiguos,

ni sus monumentos ni sus parques ni sus jardines,

sino la estructura que las vallas publicitarias forman

sobre una avenida ancha mientras alguien mira, extasiado, los ojos de la muerte.


viernes, 27 de noviembre de 2009

Un volcán de fotos

Un volcán de fotos. Apenas se disipa la noche. Suena un radio tocando algo viejo. Cualquier cosa. Gardel o José José. No importa. Tocan la puerta sin que alguien abra. La calle está lejos de parecerse a dios. La vida es una pluma que cae hacia algún sitio que arde. Un volcán de fotos en una pira. Las imágenes no ayudan. No dicen mucho. Un grupo de personas fingiendo sonreír y viendo a la cámara. En ese momento pensaron ser felices. La memoria falla. Al fondo, un cerro azul en el que una familia podría vivir feliz por siempre. El sol cae en alguna otra. En otra, una niña de bonita sonrisa parece interesarse en la lectura. El pasado es una hoja de papel con tinta. Un cuaderno inconcluso.

El fuego espera: humo.

Fotografía: Bill Brandt, El hogar.

lunes, 20 de julio de 2009

poema

lunes, 2 de marzo de 2009

Ningún río

Oye
tú tranquila
no vengo a pedirte
que te rías encima la muerte de Dios
eso
ya es pasado.
Tampoco vengo a hablar de los sujetos
que ayer mataron a un pájaro
o
a una familia
con una honda
o un mal discurso. No.
Todas las noticias son viejas
con el hecho de ser.

Abre la prensa
y lee: el fin del mundo pasó ya
sólo quería contarte una historia
triste y tonta
que te conmoviera o te asustara
para que salieras huyendo
como una silueta que corre frente al sol
cuando anochece.

Mira
no existe ningún río
para sentarse en las riberas
ni ninguna fuente
para que alguien la busque en un diccionario de símbolos.

Sólo deja que te cuente una historia
tonta y triste

martes, 17 de febrero de 2009

No. Ninguna idea. Ningún principio de pensamiento lógico del que pueda sacarse una historia.

Un poema. Nada.
“Uno debe leer el Ulises de James Joyce como un bautista ciego lee el Antiguo Testamento: con fe”. Faulkner.
Sólo dudas hay. No hay fe,

nunca hubo tan poca fe.


Es absurdo pensar que el sudor vale la pena
si se usa para escribir un poema.

Algún día quizá deje de querer escribir
no sé si quiero escribir
escribiré.