miércoles, 25 de enero de 2012
Extrañando a Kissinger, Etgar Keret
martes, 17 de enero de 2012
dos poemas
lunes, 9 de enero de 2012
Último viernes, Elena Salamanca
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Música rara, XVII
jueves, 8 de diciembre de 2011
Radiografías (René Morales Hernández, 2010)
Imagen: Revista Luna Park
sábado, 12 de noviembre de 2011
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
sábado, 27 de agosto de 2011
Los demonios de Urbina (piezas sueltas)

3.
Aquí están los locos, quemándose
sin que sus gritos se escuchen como la voz
que clamó en el desierto de los locos.
Aquí están los locos diciendo lo que ellos
no escucharon. Aquí el calendario
con números rojos señalando la fecha
en que descenderá Dios
para martillar los clavos de las cruces
que lloverán sobre los últimos días.
Aquí estamos sólo gritando por el
fuego de la demencia que nos une. Baja, Dios:
el infierno está vacío.
9.
Los elefantes despejan el camino que conduce al acantilado.
Los sigue con los ojos vendados. La canción se pierde entre el estrépito y el miedo.
Recuerda que ninguna palabra es suficiente para interrumpir el camino de las hormigas
que devoran al incauto que envejeció sin salirse del pasto caníbal.
Alto, grita y la muerte le duele tanto menos.
Entonces recuerda los pasos de ella tras los elefantes del primer hombre marchando hacia el acantilado.
Tranquilo. Dios nunca volverá a destruir estas tierras.
En cambio, crecerá asfalto.
Flores de concreto y mujeres falsas.
Hombres plásticos. Jardines llenos de falos enormes de cristal y hormigo.
“Edificios de mil ventanas se alzarán resplandecientes”
Ese será su infierno.
10.
No nos hemos arrodillado ante el abismo
por temor a Dios. El abismo nos llama
porque estamos solos y los caballos
atraviesan furiosos un campo plano.
No. El abismo no es nuestro padre
sino nuestro único destino fiel. Nuestra palabra
despojada de los murmullos de los hombres.
El abismo no es nuestro padre
sino nuestro único amante.
Imagen: The Flatiron, Edward Steichen
sábado, 13 de agosto de 2011
Un día fuiste otra Magdalena
Un día fuiste otra Magdalena. Estuviste entre mis brazos que dormían y te llamé por un nombre que no es tuyo. Te dije Magda y hoy no recuerdo cómo te llamas pero se atraviesa en la vida una mujer y un niño dentro de mí se estremece: ella es Magdalena. Magda viendo la luna. Una vez pensé en eso aunque jamás existió luna ni ángel para celebrar tu silencio entre nosotros. Sólo tu risa existía en este valle coronado por la espuma y la miel que saboreamos de la angustia. Sólo tu risa poblaba el silencio con que yo respondía ante el mundo como un ladrón que roba la paz que no puede pertenecerle. Sólo tu risa de Magdalena en este valle de lágrimas y silencio.
domingo, 31 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Sólo una vez sentí el frío del invierno

Sólo una vez sentí el frío del invierno sin mácula. Caminaba de regreso a mi infancia y ahí estaba. Con la sonrisa blanca con que saludaba a los viajeros noctámbulos y desamparados. Así era como él se vengaba de la noche desierta. De la distancia recorrida sin paz ni hijos ni mujer y llegaba, primero tenue. Luego como agujas enterrándose en los párpados a recordar el pasado. Como un ejercicio siniestro en el que se juega a perder. Sólo una vez sentí el frío del invierno.
Imagen tomada de Los sueños de Akira Kurosawa



